Cuando caperucita se comió al lobo

Crítica Hard Candy (2006) – ****

Hard Candy (Hard Candy, 2006) es una película sobre lolitas macabras de David Slade, un brutal alegato contra la pedofilia y un retrato actual sobre las falsas apariencias y el uso enmascarado de internet, pero también un cuadro sadomasoquista de última hornada.

En un nivel funciona como película sobre la venganza de una niña de catorce años que se ve seducida por un hombre de 32 a través de la red y que una vez que tienen una cita ella le embauca para atraparlo en su propia casa y sin opciones de ayuda.

En el otro nivel, la película juega el esquema clásico del porno con una femme fatale dominadora y su víctima. Que la femme fatale sea una niña la hace confusa y atrayente a la vez que original. Pero que esté tan perfectamente ejecutada y eficazmente interpretada la hace aún más apasionante si cabe.

“Nunca aceptes una bebida mezclada por un extraño.”

Aunque Hayle sea la menor, ella es la que mezcla la bebida, y es más peligroso que cualquier cosa que él pueda hacer, porque en esta cinta la joven y dulce niña (que en un detalle genial de reminiscencias a un cuento infantil inocente viste una capucha roja) no es lo que parece.

Es una Hard Candy, una de esas niñas que en realidad no lo son, un dulce caramelito que se te atraganta y ha utilizado la red para enmascararse. Porque en un nivel de lectura la cinta ejerce una crítica al modelo de relaciones por internet en el que cualquiera puede ser lo que desee y nunca llegas a conocer realmente a la persona que te contesta al otro lado.

Internet y sus relaciones ha sido explotado en el celuloide de maneras diferentes desde el pastelón de “Tienes un e-mail” a las posibilidades de prostitución en la lírica y apasionante “Samaritan Girl” pasando por ese juego snuff-Reallity de “La cámara secreta”y sobre todo como herramienta de comunicación en la obra maestra de David FIncher “La Red Social”. Pero en Hard Candy, internet se utiliza como enlace para pedófilos más allá de la pornografía, como aviso de alarma a los padres confiados, como cebo presente para cosas realmente alarmantes. Internet trae lo bueno y lo malo, es una herramienta más para esa cosa llamada vida. Internet es un medio el problema es cuando se utiliza como un fin.

Una de las grandes críticas que se achacan a la cinta es que es cierto que es bastante inverosímil que a un pedófilo le surja una Hard Candy, pero la ficción no tiene que ser real sino creíble y es mucho más efectivo y estimulante cinematográficamente el hacer la inversión de roles que una crítica explícita más.

Pero además del riesgo narrativo y la crítica e ironía de la propuesta la cinta tiene mucho más. En primer lugar es una película con dos personajes en escena (salvo el pequeño cameo de Sandra Oh), con prácticamente una localización (excepto el prólogo) y donde toda la acción avanza mediante un diálogo. El riesgo de fracasar tanto a nivel de ritmo como de interés es muy elevado pero David Slade sale indemne del reto y graduado con honores por la comunidad cinéfila.

En primer lugar tenemos las impecables interpretaciones. El adulto es Patrick Wilson que llegaba a la cinta tras dos tropiezos tan importantes como “El Álamo” y “El fantasma de la ópera”. Con esta interpretación volvió a reconducir su carrera hacia el respeto y prestigio que obtuvo por la brillante teleseri “Angels in America” y consiguió colarse después en papeles como el de “Little Children” o “Watchmen”. En Hard Candy hace quizás una de sus mejores interpretaciones otorgando el carácter y el cuerpo necesarios para cada arista y recoveco del personaje. Consigue que sientas lástima y compasión por él a la vez que repugnancia y curiosidad.

Pero quien se lleva la función es Ellen Page, una casi novata de 17 años que encarna a la perfecta macabra con calma, precisión metódica e inteligencia. Su interpretación está cargada de matices y mala uva y le abrió las puertas del cine con una carrera increíblemente sólida con películas en su haber como Origen o Juno.

Pero la representación nunca decae por el gran trabajo de Slade que filma con eficacia cada línea de diálogo de manera persuasiva, mordaz e hiriente apoyado por una luminosa fotografía de carácter minimalista.

El único pero de la cinta es que la crítica a la pedofilia se pierde por el gusto y placer que siente la joven Hayle con sus prácticas (con la brillante escena de la castración) y la situación que ha creado, provocando que en lugar de un pervertido haya dos y en muchos aspectos sea tan condenable la actitud de la víctima como la del verdugo sin tener muy claro quién de los dos es cual.

En resumen, Hard Candy es una película muy notable, que da pie a muchas interpretaciones y lecturas propias pero que vista como película, vista como interpretaciones, dirección y lo que se ve en pantalla Hard Candy es impresionante, inteligente, efectiva y arrolladora. Todo lo demás son lecturas subjetivas que cada espectador debe sacar en claro.

Valoración 8,5 / 10

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Nacer (otra vez)

La Ruta Natural (Álex Pastor, 2006)

Hay un dicho que dice que al morir pasa toda tu vida por delante de tus ojos. En La Ruta Natural, cortometraje ideado por Álex Pastor lleva esta sentencia a su máximo exponente relatando la vida de un hombre y poniéndole voz e imágenes, aunque lo significativo de este cortometraje no es el qué cuenta, sino cómo lo cuenta.

Y es que La ruta Natural es en sí mismo un auténtico Palíndromo utiliza la ciencia ficción como mero recurso para narrar la vida del protagonista desde el final hasta el principio como si naciese al morir, y se acompaña de una voz en off para explicarnos la historia desde un punto de vista diferente, como si mirásemos una vida desde una perspectiva en la que da igual que se lea desde atrás hasta delante que desde el principio hacia el final. De hecho, el propio título del cortometraje “La ruta natural” es un palíndromo y se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda.

Como ya hemos apuntado el cortometraje utiliza la narración como una manera estética,  y las referencias a la película Memento y a El curioso caso de Benjamin Button son las primeras que se vienen a la mente. Además viendo el cortometraje resultan más que evidentes tanto argumental como estéticamente. De la primera bebe directamente en la exposición de los hechos, en lo inverso de la narración aunque en este cortometraje está llevado a sus últimas consecuencias y cada una de las imágenes están reproducidas de manera invertida. De la película de David Fincher recuerda de manera argumental pero difiere completamente en el tono y tratamiento de la historia.

Y es que Álex Pastor juega con la voz en off para tratar un acercamiento a la historia puramente original aunque completamente escéptico, distante y sin licencias dramáticas ni juegos de artificio que adornen. Lo que quiere exponer lo expone con frialdad incluso en su uso de los elementos técnicos como la fotografía, el montaje o los elementos sonoros.

Esta proyección fue continuada por el director barcelonés en su primera incursión cinematográfica para la que se acompañó de su hermano enen Carriers (Infectados) donde imprió todos estos recursos.

En resumen, La Ruta Natural es un cortometraje original tanto temática como narrativamente hablando y que sabe encontrar su tono, su ambiente, su estética y su lugar. Además el director consigue darle ritmo y agilidad con un toque de amargura y se permite varios detalles geniales como el del nombre de su hijo logrando uno de los mejores cortometrajes españoles de la última década que no pasó inadvertido por festivales tan prestigiosos como el de Sundance.

Valoración: 9/10

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Crítica de TV – Supernatural – Episodio Piloto

 

 

Supernatural es una serie que adapta las temáticas sobrenaturales y las pasa por el filtro adolescente, una dosis del “horror-teen” de última hornada que viene tras el apogeo del terror noventero acudiendo a todos los lugares comunes del género y rodada con ese propósito golpes de sonido, puertas que chirrían… Es un compedio de terror adolescente en formato de 40 minutos semanales. Y llega esta noche a la pequeña pantalla española.

El piloto de Supernatural arranca con un prólogo hace 22 años donde una pareja tiene dos hijos, uno de ellos bebé y el otro con cuatro años, y en uno de esas cosas típicas de las películas de terror a la madre le da por tener una autoimbustión llevándose con ella toda la casa. Ya sabes como es esto, te levantas de la cama, la bombilla tiembla un poco y te quemas viva. Si hubiese sido en Japón la madre habría recibido una de esas llamadas que te dicen que te quedan un par de días. Pero en los EEUU los fantasmas no tienen tanta consideración y te fríen a la parrilla sin avisar. Que desconsiderados.

Años después el padre desaparece y descubrimos que a los dos hermanos les han educado para convertirse en cazafantasmas. Solo que sin gracia ni aparatejos guays. Y así tenemos a dos Van Helsings hipermusculados con su cara de reyes de baile de graduación que se dedican a buscar elementos sobrenaturales para descifrar la muerte de su madre calcinada.

Uno va a la universidad y tiene novia maciza y, aunque no lo apuntan, seguro que es el quaterback del equipo. El otro es el chico malo con reservas, que ha echado un órdago a la sociedad y se ha saltado la universidad (¡todo un malote de los de cazadora de cuero!) y ahora se dedica… bueno no se dedica a nada salvo pedir préstamos a los bancos con nombres falsos. Nadie explica cómo se consigue eso, ahí estaría la verdadera productividad de la serie en averiguar cómo estafar al banco y vivir del cuento. No sé, supongo que en los Estados Unidos son más confiados y vas a un banco y te dan dinero por estar bueno… No lo dejan nada claro.

Entre la historia principal (el padre desaparecido y la madre chicharro) se nos van intercalando historias de terror autoconclusivas, en este piloto tenemos la historia de la chica de la curva (¿A alguien más le recuerda todo esto a Leyenda Urbana, esa película que pasó al merecido olvido y que surgió en post al fenómeno scream?). Y los protagonistas van resolviendo los casos que se encuentran para ir matando el tiempo. Es decir, hay un argumento de fondo que es el de encontrar al padre y descubrir porqué ardió la madre en llamas, y casos autoconclusivos.

La idea es sí podría ser hasta convincente, el problema está en el tono en el que está narrado con un aire de pretenciosidad que asusta y una seriedad que no termina por encajar con la propuesta. También hay algo de humor metido con calzador y mueca torcida en el hermano malote que se cree que dice algo ingenioso y repite los chistes en dos ocasiones como el de Mulder y Scully, no vaya a ser que no lo pilles a la primera porque estabas a otra cosa, te dan el margen para que lo pilles una segunda vez. Eso está bien porque la serie no está concebida para gente con demasiadas neuronas (al menos no en la cabeza) y así se le da cierto margen a seguir los argumentos tan elaborados.

Los personajes están interpretados por Jared Padalecki y Jensen Ackes. Al primero le conocemos como ídolo adolescente de “Las chicas Gilmore” serie del mismo canal y para el que ha sido reciclado como galán de mojabragas, en ningún momento abandona su pose de “mira que guapo que soy y estudio en Yale” que tan bien le vino en la producción de Sherman-Palladino. Sus intervenciones en el cine se resumen a películas de terror de calado emocional como “La casa de cera” (sí la de Paris Hilton) y el vergonzante remake de “Viernes 13”. Todo un chico prodigio como se puede observar.

Jensen Ackes, el hermano malote, ha participado en Smallville (misma cadena, mismo target comercial) y ha participado en el remake de “San Valentín sangriento”. Casi nada.

Como veréis no hablamos de actores excesivamente versátiles sino de dos guaperas de los que han pasado más tiempo en el gimnasio que en la escuela de interpretación y que, eso sí, son capaces de atraer carpeteras y han dado varias veces el perfil de chico asustado en cinta de terror adolescente.

El alma pensante tras este conjunto de retales es Eric Kripke artífice Boogeyman.

Y Boogeyman 2.

Y también Boogeyman 3.

¿Lo pillas?

Seguramente le dijeron que no habría Boogeyman 4 y se inventó esta serie. Aquí dirige el piloto con el automático.

Creo que con semejante reparto y artífice tenemos claro por dónde va la serie, es adaptar las cintas de terror que surgieron tras el fenómeno Scream a la pequeña pantalla y conseguir hacer un producto que satisfaga a las seguidoras del canal The CW. Así que no es de extrañar que los fans de esta producción sean mujeres que todavía visitan el High School.

Y si miramos a serie centrándonos en ese propósito la cosa funciona: es un producto entretenido y orientado hacia un único público muy concreto y sin mayores aspiraciones que el de mantener viva la estela de Expediente X pasada por el filtro juvenil. Y estoy convencido que a esa gente, a los que abarrotan las salas con cada secuela o remake de películas de pseudoterror les va a gustar este Supernatural.

El problema es cuando se busca algo más en la serie y se compara con sus hermanas mayores. Supernatural no tiene el carisma ni el universo de Buffy Cazavampiros, ni la seriedad y capacidad de crear entornos de Expediente X, ni la producción de Entre Fantasmas, ni las tramas de Angel y ni siquiera el aire desenfadado de Embrujadas.

Supernatural es lo que es y su único gran problema sería el de querer ir de lo que no es y eso es lo que me asusta. Todo apunta que van a querer hacer un producto serio con semejantes premisas, todo el piloto tiene unas ínfulas presuntuosas en cada una de sus líneas de diálogo y peca en querer parecer mejor de lo que es.

En resumen, Supernatural es una adaptación en formato de serie de las pelis de terror para mentes facilonas, y en ese nicho de mercado puede funcionar. Ahora bien, que nadie espero calado emocional, impacto generacional o algo más que un mero entretenimeinto por que pueden acabar irritados hasta el exceso. 

Valoración del piloto: 6/10

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Black Swan (2010) – ****1/2

La blancura de la nieve hace al cisne negro

El argumento del lago de los cisnes gira en torno a la dualidad del bien y el mal, el ying y el yang, los buenos y los malos.
El cisne negro (Black Swan, 2010) ha adaptado por completo el argumento y la esencia del ballet y lo ha dotado de vida, de intensidad, de cine, de magia y de surrealismo, componiendo una cinta arriesgada y a la vez compleja. Terro´rífica y bella. Un sueño que es una pesadilla. Una fascinación absoluta.

En el cisne negro tenemos el argumento general del ballet esto es un príncipe que debe elegir una esposa y se enamora de un bello cisne: Perfecto, cauteloso, etéreo. Una vez que la tiene en su haber, embrujado por un hechizo se confunde y se enamora de un cisne negro, ante esta noticia, la joven y preciosa que encarna el cisne blanco decide suicidarse.

Aquí el cisne es Natalie Portman y voy a tratar de no estropear a nadie las sorpresas de guión que conlleva.

Natalie Portman interpreta a Nina, una joven bailarina que vive absorbida por el mundo del ballet y con la presión del paso de los años y la ausencia de ese papel que la haga triunfar. Vive con su madre, una bailarina que no triunfó y que ejerce un exhaustivo control sobre la joven con dietas, ensayos y angustioso afán de que triunfe.
El director teatral decide rejuvenecer el espectáculo de la función de ballet “El lago de los cisnes” porque ya nadie va al teatro. Necesita caras nuevas, y para ello elabora un concienzudo casting entre aspirantes a bailarinas.

La nueva versión necesita que la protagonista sea el cisne blanco y el cisne negro a la vez. Que sea perfecta, técnicamente impoluta y con una gran candidez. Eso ya lo es Nina.

Pero le exigen que sea la otra parte: salvaje, atrevida, caótica, arrebatadora. Que se salga de la perfección para lograr el papel perfecto. Que busque su otro yo y lo deje salir, que se desabroche los corsés del perfeccionismo. Es ahí donde entra Lily, una compañera de ballet que es el cisne negro perfecto.

Nina se va dejando llevar y se va metiendo en el concepto obsesivo del papel hasta que llega un momento en el que no distingue entre lo real y lo que imagina para dejarse llevar. Se va consumiendo en su propia pesadilla de celos, romance, envidia…

El argumento es complejo porque juega con las constantes referencias al ballet original, al mundo del artisteo y las bambalinas, y al surrealismo onírico en el que se sumerge Nina.
Hacer cine y que no se entienda nada no es muy complicado, hace poco se ha visto Franklyn en las carteleras. Lo que es difícil es que el público pese a no saber muy bien dónde está, qué sucede o quién es qué en la historia se siga sintiendo atraído por lo que sucede en pantalla. Ahí es donde está la miga y las interpretaciones, la atmósfera y la dirección corren un papel crucial.

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Enredados 2010

Walt Disney había perdido su magia. Era vox populi, y de no ser por esa alianza con Pixar el estudio de Mickey sobreviviría a base de Hannahs Montanas, Selenas Gómez, High Schools Musicals, Jonas Brothers y demás subproductos adolescentes.
Toda una pena.

En lo que animación se refiere, Disney se había quedado infnitamente atrás con películas regulares (Conociendo a los Robinson) o directamente malas (Chicken Little) y de la que tan solo se salva de la quema Bolt. Lo que era la esencia de la compañía se había quedado relegada a innumerables secuelas de mercado doméstico de ínfima calidad.

Tiana y el sapo supuso un regreso al pasado que salvo la excepción de una partitura musical decente y el entorno de Nueva Orleans, al que aquí escribe le resultó mortalmente aburrida.

Pero con Enredados (Tangled, 2010) hemos vuelto a los cuentos de los hermanos Grimm, a las princesas, a los palacios, a los apuestos salvadores, a los secundarios animalescos, a los conjuros y los hechizos, a los números musicales, a las malvadas madrastras, al poder del amor y a las historias con moralina.
Enredados es todo lo que Tiana y el Sapo quiso y no pudo, una película que recupera el espíritu de las mejores producciones de Disney y lo hace contemporáneo otorgando a la princesa un espíritu rebelde y adolescente que casa muy bien las niñas de hoy en día.

La historia relata el cuento de Rapunzel, una chica con un poder mágico en su pelo que es recluida en una torre por su madrastra y que la oculta su verdadera identidad como princesa del reino.
Ahí llega por accidente un ladrón que termina acordando sacar a la princesa de su torre y enseñarla un espectáculo que se hace con linternas la noche de su cumpleaños.

Por supuesto en su “excursión” serán perseguidos por la madrastra, la guardia real, otros bandidos y un caballo que se cree perro.
La historia es sencilla, es simple, como siempre han sido las de Disney, pero en Enredados han puesto especial énfasis en cuidar la personalidad de los personajes y hacer que tengan el suficiente carisma como para llevar el peso de la cinta y no convertirse en una princesa más.

Aquí los animales no hablan y los secundarios simpáticos son un camaleón y el caballo anteriormente citado, no son Timón y Pumba, no roban el show en ningún momento pero consiguen otorgar ese punto extra para que los niños se queden pegados a la pantalla.

Es digno de admirar el respeto de la animación tridimensional y computarizada por la tradicional y aunque tienen licencias de verdaderas virguerías a golpe de click (la escena de las linternas es un prodigio de quedarse con la boca abierta y casi tocarlas) han buscado encuadres y diseños que parecen sacados del lápiz y papel.

Además consigue que el discurso sea ágil, fresco, entretenido y que funcione para todos los espectadores tanto los adultos, como los niños, como los adolescentes y preadolecentes y eso me parece una de las cosasmás complicadas de lograr.
Y lo hace.
Pero no todo son virtudes, Enredados no es la bella y la bestia, para qué engañarnos y el punto verdaderamente flaco viene de los números musicales. Ninguno consigue realmente levantar el vuelo, ni ser espectaculares y algunas canciones terminan por hacerse increíblemente monótonas. Pensando en la bella y la bestia todos los números son brillantes desde ¡Qué festín! a la mítica Bella y Bestia son, pasando por Gastón. En Enredados no hay nada de eso, no se recuerda ninguno especialmente y aunque están realmente bien empastados con la narración, carecen de la espectacularidad necesaria.

Por última la historia no deja de ser en todo momento plana, no hay grandes sorpresas reservadas, ni toques verdaderamente conmovedores o especialmente divertidos. No tiene esa grandiosidad de Pixar. Se disfruta en todo su entretenimiento, pero a toro pasado es difícil que aguante el paso de los años como otras cintas sí lo han conseguido.

Aún así, Enredados es una película notable y que conjuga lo mejor de la esencia Disney y lo adapta a las técnicas contemporáneos. Enredados es todo un acierto del sello Disney y que, pese a no ser un clásico de la compañía, consigue entretener, divertir y convertirse en la mejor película de animación de la casa de la última década.

Valoración: 7,5/10

Y como posdata, y sacada totalmente fuera de lugar, pero nadie explica si el pelo de Rapunzel es mágico solo en la cabeza… Pedón por la ordinariez.

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